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Cuando la inteligencia artificial toma la palabra

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Recientemente asistí a una interesante ponencia impartida por Rafael Muñoz sobre la aplicación de la inteligencia artificial al mundo de los negocios.

En concreto se centraba en la automatización de los procesos de toma de decisiones a través de esa combinación ganadora que conforman big data + machine learning, pero apuntó en determinado momento un detalle que inmediatamente desató un pequeño resorte en mi cerebro: la necesidad (o no) de introducir valores éticos o incluso emociones como un un factor corrector.

Unicornio

Inmediatamente me recordó una necesidad básica a la hora de diseñar productos y servicios centrados en el usuario: la observación previa para generar empatía, para comprender las acciones de los mismos.

Y esto se combinó a golpe de sinapsis con unos de los aspectos que más curiosidad —e incertidumbre— me despiertan últimamente las noticias tecnológicas, el impacto disruptivo en el diseño UI que provocará a corto plazo la popularización de los asistentes virtuales y bots en nuestra vida diaria.

Cualquiera que lea un poco sobre el tema, sabe que Google, Apple, Microsoft y Amazon están librando una cruenta y silenciosa batalla para colarse en nuestras casas, nuestros bolsillos y nuestros corazones. Y que algunos, como Elon Musk, van definitivamente más lejos.

Nuevos interfaces requieren nuevas aproximaciones y, posiblemente, profesionales con cualidades diferentes.

¿Qué va a pasar con los diseñadores tal como los conocemos? ¿Se convertirá todo lo relacionado con UX en un terreno más natural para los diccionarios que para las tabletas digitalizadoras ahora que las máquinas se afanan en usar lenguaje natural? ¿Se potenciará aun más la narrativa en las interacciones hombre-máquina?

Y, como una capa de complejidad todavía mayor, ¿serán estas IAs capaces de desarrollar empatía por sus usuarios? ¿De usar el humor o la metáfora como herramientas de comunicación? ¿Qué papel tomaremos los escritores en este nuevo mundo lleno de trampas (dobles sentidos, barreras culturales, tabús, silencios elocuentes…)?

Imagino un futuro muy cercano —uno en el que espero que no llevemos los pantalones como Cachuli si es posible—, en el que los diseñadores de interfaz trabajarán en el tono, en la modulación de la voz, en las pausas, en el poder persuasivo de las palabras… pero también en la capacidad de un sistema para percibir la duda, el miedo o la confusión en su interlocutor humano. Se abre una puerta a un mundo nuevo en el que apenas estamos dando los primeros pasos .

Desgraciadamente no tengo los conocimientos ni la visión suficientes para responder a estas dudas. Pero el mero hecho de realizar estas preguntas ya me genera una enorme expectación y curiosidad por conocer el mundo que tenemos a la vuelta de la esquina. Y con eso, por ahora, voy servido.

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